La paz está en un momento crítico. Tres años después de haberse firmado el acuerdo de paz con las FARC, parece que fueron solo escrituras en mármol, o eso ha llegado a pensar gran parte de la comunidad.

Juana Valentina Nope Rosas*

Contrario a lo que muchas personas creen, los avances que generó la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y los representantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, son enormes para la parte de la población que se vio más afectada por la guerra que por más de 50 años existió en el país. Los acuerdos en definitiva buscaban el beneficio para ambas partes, pero sobre todo para quienes luchaban por sobrevivir supeditados a sus decisiones; vivir en un país en guerra, enfrentándolos.

Mucho se dijo que los acuerdos buscaban entregar el país a la guerrilla y que buscaba beneficiar a las FARC en todo sentido. Esta información fue fácil de transmitir ya que gran parte de la población no tenía acceso a internet para investigar y otros cuantos, que, sí lo tenían, ni si quiera se dieron a la tarea de leerlos puesto que era más fácil creer en lo que la gente decía.

El padre Alberto Franco, representante de la Comisión de Justicia y Paz de Dipaz, nos dio un pequeño resumen de los puntos más valiosos de los acuerdos y que para él estaban construidos en pro de toda la población: el primero, desarrollo rural para todos los campesinos; segundo, la reforma política democrática; tercer Punto, cese al fuego; cuarto punto, la solución al tema de las drogas; quinto punto, las víctimas y la centralidad de las víctimas.

Al día de hoy, el gobierno actual terminó por incumplir parte los acuerdos, de la misma forma que algunos cabecillas de las FARC desertaron la transición y volvieron a las armas; la corrupción que por muchos años se había ocultado tras la guerra necesitó volver a generarla para poder seguir funcionando sin que se dieran cuenta; las muertes de los civiles y excombatientes sin razones justificadas volvieron.

Parece que la paz se vuelve a ver más lejana cada vez, pero el Padre Alberto no pierde la esperanza. Nos hace un llamado a ser conscientes de que “hay un proceso de transformación en la sociedad colombiana, la mayoría de gente joven está analizando distinto y de manera más crítica la realidad; los encuentros de víctimas y victimarios están modificando los imaginarios de muchos sectores, se están rompiendo muchos mitos que se reprodujeron y ese es un avance significativo. (…) El proceso de paz es una oportunidad de superar el conflicto armado en la política, una manera de abandonar el uso de la violencia como una manera de eliminar la oposición, es la oportunidad de una experiencia democrática donde se pueda ser diferente, pensar diferente y actuar distinto, sin necesidad de matarse”. Él es consciente que detrás de todo el mal que volvió, también se lograron grandes avances sociales, que excombatientes se convirtieron en profesionales, estudiantes y deportistas, que la paz si tiene un camino para trazar.

Es importante, para el futuro que queremos construir, reconocer que hay quienes nunca van a aportarle a la paz, por las razones que sean –diferente a las víctimas que aún no están preparadas para perdonar–; pero también hay quienes día a día se levantan a aportar desde su papel en el mundo para la paz, quienes buscan encontrar en ambos bandos la humanización de los otros para reconocer que las víctimas no están de un solo lado, sino en todos los bandos, y que si no somos capaces de perdonar difícilmente saldremos de esta era de guerra.

Para leer la entrevista completa al Padre Alberto Franco, haz clic en este enlace, donde encontrarás la edición No. 860, Proyecto país, publicada en noviembre-diciembre de 2019.


*Juana Valentina Nope Rosas es estudiante de Literatura en la Pontificia Universidad Javeriana.