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Con el paulatino regreso a la “normalidad” es inevitable reflexionar sobre lo que este término significa y sobre qué puede representar para el país. En esta nueva edición nos proponemos explorar algunos de los escenarios en los que el potencial de Colombia es evidente y requiere de nuestro cuidado y compromiso para que sea sinónimo de progreso.

Los efectos de la pandemia son innegables. Desde el impacto económico que los cierres y las restricciones han tenido en todo el mundo, sin dejar de lado lo que la soledad y la distancia hacen en las relaciones humanas y en el crecimiento individual, desde la Revista Javeriana hemos propuesto análisis sobre los cambios que hemos evidenciado a lo largo de estos meses. Sin embargo, como dice claramente la sabiduría popular, todo pasa. Cuando nos enfrentamos a una nueva etapa de este escenario desconocido para todos, nos preparamos para vivir un regreso y reactivación de la vida que conocíamos antes, con todos los cambios que esta nueva realidad nos obliga a tener. Pero es justo en ese proceso en el que las reflexiones a las que la quietud y el silencio nos han invitado u obligado deben ganar protagonismo.

El concepto de Colombia se ha transformado drásticamente en los últimos años. De un país en extremo peligroso, cerrado y nada amigable para la inversión y para el turismo, pasamos a un destino de puertas abiertas, con enorme potencial y oportunidades. Las cifras así lo confirman, en pocos años el país empezó a recibir millones de visitantes anuales, provenientes de los más diversos destinos, dispuestos a maravillarse con los muchos tesoros que teníamos “escondidos”. Más allá de los destinos tradicionales, los visitantes estaban cada vez más dispuestos a adentrarse en nuestra variada geografía para dejarse sorprender por municipios y pueblos mágicos que pocas veces eran retratados. El turismo ha traído consigo importantes cambios en la realidad de gran parte de nuestro país, el surgimiento de nuevas oportunidades de generación de ingresos, así como transformaciones en los paisajes y, a su vez, en la conciencia de ellos y de su preservación.

El repentino cierre de actividades al que nos vimos forzado puso de manifiesto la importancia de este rubro en la economía nacional. Municipios enteros dedicados al turismo se enfrentaron a una difícil situación económica y social durante los seis meses pasados. Pero, también, pudieron ver los efectos positivos sobre sus territorios de la disminución de impacto humano. En medio del silencio y la quietud, algunas especies animales retornaron a sus ecosistemas, otras especies vegetales renacieron con pocas dificultades y todos, desde nuestras casas, pudimos volver a conectarnos con el entorno y su riqueza.

Es en este escenario sin duda paradójico que nos propusimos abrir la discusión sobre qué significa Colombia en la actualidad para el mundo. Nos planteamos como hipótesis que existe potencial, hay oportunidades y que debemos valorarlas más para poder aprovecharlas al máximo. Pero, también, nos hemos propuesto no ignorar las lecciones que esta emergencia nos puede dejar. Estamos seguros de que en estos meses de pandemia la desigualdad, la pobreza, la corrupción y también la confianza en nuestras autoridades y capacidades han cobrado un nuevo sentido en nuestra realidad. Así que es responsabilidad nuestra tomar decisiones conscientes sobre qué vamos a hacer con esos aprendizajes a partir de ahora. ¿Estamos dispuestos a regresar sin más a nuestra antigua realidad, o tal vez serán las dificultades y los retos de estos últimos meses el piso sobre el cual nos propondremos construir un país nuevo y diferente que mire con esperanza hacia el futuro?

Para leer nuestra edición completa te invitamos a hacer clic en este enlace: De Colombia para el mundo.