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El freno a las actividades productivas y comerciales en el mundo entero a causa de la pandemia trajo como consecuencia la pérdida y suspensión de millones de empleos alrededor del planeta. Ahora, cuando apenas se están dando inicio a los procesos de reactivación y recuperación económica, se ven con mayor claridad los efectos de la emergencia.

Fotografía de JR Padlan en Unsplash

La llegada de la pandemia dejó en evidencia lo que expertos e investigadores venían advirtiendo desde hace varias décadas: la precariedad del empleo en todo el planeta es un tema preocupante. De hecho, desde la firma de los Acuerdos de París, de donde nacen los Objetivos de Desarrollo Sostenible, el capítulo referente al empleo digno resalta la necesidad de implementar medidas urgentes para asegurar la estabilidad y el apoyo en la creación de empleos seguros, estables y bien remunerados para contribuir, así, a la erradicación de la pobreza y al desarrollo de las comunidades.

Sin embargo, como lo demuestran estudios recientes, como el de la Organización Internacional del Trabajo, los pocos avances que se habían logrado en los últimos años no fueron suficientes para amortiguar el impacto que trajo la pandemia al mundo laboral alrededor del mundo. Se ha demostrado que en una crisis los primeros que suelen perder sus empleos son aquellas personas que, para empezar, tenían condiciones laborales ya precarias. Por ejemplo, personas como vendedores, meseros, personal de cocina y encargados del aseo doméstico son los primeros que se enfrentan a los recortes laborales que acompañan las reestructuraciones que pretenden hacer frente a una situación económica compleja.

Adicionalmente, como explica la OIT, existen algunos sectores de la economía que presentan mayor vulnerabilidad a la situación actual, sobre todo por las restricciones de movilidad, de contacto físico y de desplazamiento que se han decretado para hacer frente al contagio del nuevo coronavirus. Estos sectores, en los que se estima se concentrarán la mayor cantidad de despidos son:

  • el sector hotelero y de la alimentación
  • el sector inmobiliario y las actividades administrativas
  • las fábricas y los servicios de reparación, los comercios y tiendas
  • el área de los negocios y el sector artístico

Lo más preocupante de este panorama es que, según cifras de 2019, estos sectores emplean a unos 1.250 millones de trabajadores en todo el mundo. Adicionalmente, tan solo en América Latina, la OIT tiene identificado que un 44 % de los trabajadores realizan actividades en alguno de estos sectores en alto riesgo. Y, tan solo en Colombia, el porcentaje asciende al 46,8%.

Pero esto no es lo único que llama la atención de economistas y analistas de la región, las altas tasas de informalidad, sobre todo en países como los nuestros, suponen un reto adicional para los programas de recuperación y reactivación. De acuerdo con cifras de Naciones Unidas, a nivel mundial, 2.000 millones de personas trabajan en sectores al margen y, en el caso de América Latina y el Caribe, hay al menos 140 millones de personas cuya ocupación se representa en la informalidad, lo que equivale a, aproximadamente, el 54% de todos los trabajadores. Para Colombia la cifra alcanza a ser el 60% de la fuerza laboral.

Sumado a lo anterior, dos grupos de la población, en particular, han recibido el impacto de estas medidas y de las afectaciones económicas con mayor fuerza. Por una parte, están los jóvenes, quienes además de ser uno de los sectores más numerosos en el país, desde hace ya un tiempo venían enfrentándose a serias dificultades para insertarse en el mundo laboral. Las condiciones laborales para los más jóvenes eran ya unas de las más precarias, y con esta nueva situación se prevé una mayor dificultad para que encuentren opciones estables. Pero, también están las mujeres como un grupo de la población especialmente afectado por la pandemia. Adicional a verse enfrentadas a varias dificultades para ingresar al mundo laboral y encontrar oportunidades con estabilidad y salarios competitivos, las mujeres conforman en un alto porcentaje la fuerza laboral en la mayoría de los sectores en alto riesgo que se han mencionado anteriormente. Y, como si no fuera esto suficiente, el cierre de colegios, guarderías y las medidas de confinamiento aumentaron la carga de trabajo, sobre todo, para las mujeres lo que, lastimosamente, en muchos casos se tradujo finalmente en un retiro forzoso de las actividades productivas.

Si bien todos los meses se actualizan las cifras y se conocen más datos sobre los efectos que ha tenido esta emergencia en el empleo global y local, las tendencias que ya se han podido identificar ofrecen una serie de retos y llamados de atención a los gobiernos para hacer frente a esta difícil situación. Además de cuidar la vida de las personas, encontrar las mejores estrategias para asegurar el crecimiento económico y la protección laboral y social de todas las personas está entre las prioridades de todos los dirigentes actuales. De hecho, como lo han manifestado diversos organismos internacionales, esta situación ha puesto de manifiesto la necesidad de reestructurar el funcionamiento de la seguridad social, sobre todo en regiones como América Latina, son el fin de que el acceso a la salud sea universal y no dependa exclusivamente de la condición laboral de las personas.

Para conocer más acerca de los efectos que ha tenido la pandemia en el mercado laboral colombiano, te invitamos a leer el artículo Mercado laboral frágil en tiempos de pandemia, escrito por los investigadores Paula Herrera Idárraga y Pablo Adrián Garlatti Bertoldi, profesores de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Pontificia Universidad Javeriana, publicado en nuestra más reciente edición La nueva normalidad: educación y empresas