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Celebramos este día de la madre con la semblanza, escrita por nuestra colaboradora Mariana Vargas Fety, de la autora Pearl S. Buck, un personaje que, desde muy joven, se maravilló con la grandeza de China y con la fuerza que tienen las mujeres para sobreponerse a los retos que les pone la vida. 

Mariana Vargas Fety*

Los paisajes de china están siempre presentes en la literatura de la escritora Pearl S. Buck.

En el mes de mayo se homenajea a todas las mujeres que son madres. A lo largo de sus vidas, enseñan, protegen y aman incondicionalmente a sus hijos. Los encorajan a que venzan sus miedos y que luchen por sus sueños. Sin importar la edad que puedan tener sus hijos, las madres velan incansablemente por su bienestar físico y espiritual. Las madres empezaron a ser homenajeadas desde la Antigua Grecia por medio de la fiesta a la diosa Rea, aquella deidad que engendró a Poseidón, Hades, Hera, Zeus, entre otros. Posteriormente, los romanos iniciaron el 15 de marzo festividades en las que se realizaban peregrinaciones al tiempo de Cibeles en el que entregaban flores y ofrendas. En los siglos posteriores se celebraban fiestas en honor a la Madre de Dios.

La madre ha sido inmortalizada en múltiples poemas, cuentos y novelas a lo largo de los siglos. Ejemplo de lo anterior es la nereida Tetis, que engendró al héroe Aquiles, uno de los personajes más poderosos de La Ilíada. Esta madre intercedió por su hijo muchas veces para salvarle de la crueldad de la Guerra y las intrigas del Olimpo. Muchos años después, Nathaniel Hawthorne en La Letra escarlata (1850) reivindicó la figura de la bruja convirtiéndola en la valerosa Hester Prynne, sinónimo de fuerza, sabiduría y amor incondicional. Acusada de pecadora y hereje, irónicamente da valiosísimas lecciones a una población religiosa norteamericana. También, Máximo Gorki conmueve con su inolvidable personaje femenino de la novela La madre (1907), una intrépida voz que se atrevió a alzarse contra los excesos del poder. Por su parte, Clara Trueba de La casa de los espíritus (Isabel Allende, 1982) fue una mujer mágica, la luz en un mundo en tinieblas y el refugio de los personajes en momentos de injusticias familiares y políticas. No pocos escritores de la literatura universal reconocieron que, sin el sacrificio de las madres, las historias no pueden llegar a buen término. Y a ellas les deben no sólo la vida sino el amor por las letras y el conocimiento.

En este mes también es importante destacar a las escritoras que no solo dieron a luz a su descendencia, sino que alumbraron por medio de su literatura y dejaron valiosos aportes al conocimiento y la humanidad. Existe la teoría de que los escritores nacen dos veces: el día en que la madre los trae al mundo, y cuando estas les enseñan la magia de las palabras. Las letras pasan de ser meros símbolos en el papel; contienen múltiples significados y otorgan el poder de cambiar al mundo. La madre es la primera maestra que enseña a sus hijos conocimientos del mundo, de sí mismos y de la importancia de lectura.

Inocencia que no conoce fronteras

Pearl S. Buck es recordada hoy en día porque fue galardonada con el Premio Pulitzer (1932) y el Nobel de Literatura (1938). Tres de sus novelas fueron adaptadas al cine (The good earth, Dragon seed y Pavillion of women). China es famosa por su grande e impenetrable muralla, pero Pearl S. Buck actuó como una especie de puente entre este país con Occidente narrando con respeto y sabiduría las costumbres y creencias de los labradores de la época prerrevolucionaria, la ocupación japonesa, los inicios del comunismo hasta los alcances de la guerra. Su prosa narrativa recuerda a la de Charles Dickens y permite que el lector occidental conozca China desde su interior y viaje por ella al tiempo que descubre un desfile de personajes que representan distintas caras de la sociedad. Las madres por ella retratadas son sinónimo de esfuerzo, lucha y lealtad incondicional.

Pearl Comfort Sydenstricker vino al mundo el 26 de junio de 1892 en Hillsboro, West Virginia (Estados Unidos). Sus padres eran Absalom y Caroline, una pareja de misioneros presbiterianos que, cuando Pearl cumplió un año, viajaron y se establecieron en China con la intención de enseñar a los nativos la palabra de Dios. El padre de Pearl fue una figura contradictoria: autoritario y obstinado, pero que transmitió a su hija la importancia de ayudar a los menos favorecido. De hecho, fue de él que Pearl heredó el amor por los libros. Este hombre persistió en enseñar la Biblia a los chinos, aunque algunas veces fue ignorado, abucheado o perseguido. Su persistencia inspiró la novela El ángel luchador. La madre, Caroline, fue el refugio de Pearl y le enseñó los misterios de las palabras escritas. Esta valerosa mujer era reconocida por su nobleza y generosidad, pero nunca se logró adaptar del todo a China: el clima no era favorable para los extranjeros y abundaban casos de malaria y cólera. Con todo, Pearl aprendió y habló chino antes que el inglés.

Al tiempo que sus padres predicaban, Pearl conocía China desde adentro y esto dejará huellas imborrables en su corazón. Era la blanca del colegio, pero jugaba con otros niños sin la interrupción de las barreras idiomáticas. Por otra parte, conoció las costumbres del milenario país de labios de su maestro, Mr. Kung: leyendas y cantos populares chinos, entre ellos la historia de Hua Mulan, una heroína olvidada.

La familia de Pearl vivió años difíciles en China. La pobreza los rodeaba y la Guerra de los Bóxers no mejoró las condiciones para los extranjeros. Pearl vivió períodos de miedo y desesperación y debía estar siempre lista para huir con un bulto de ropa. Los Sydenstricker huyeron de casa múltiples veces para resguardarse de las revueltas.  Finalmente, los padres decidieron mudarse durante cierto tiempo a Shanghái, donde Pearl estudió en un internado hasta el año 1909. Por ese entonces, había descubierto la poderosa pluma de Charles Dickens, autor que concedió voz a los más humildes y olvidados en Londres. De hecho, Pearl siempre llevaría consigo un libro de este autor, famoso por sus obras Oliver Twist, David Copperfield, Historia de dos ciudades e incontables cuentos. Gracias al autor inglés, supo que la Literatura era algo más que escribir frases e inventar personajes. Permitía que las personas hablasen y contaran sus miserias o momentos de alegría. De esta manera, se conocerían las fallas dentro de una sociedad.

El primer gran acercamiento

En el año de 1911 Pearl dejó China para estudiar en la Randolph-Macon Woman´s College en Virginia, Estados Unidos. Se graduó en 1914 con el título de Filosofía y con la propuesta de ser profesora en dicho centro educativo. Sin embargo, una carta de su padre cambió sus planes: la madre se encontraba delicada de salud, así que regresó a China para cuidar de ella. En ese entonces conoció a su primer marido, John Lossing Buck, economista y miembro de la comunidad presbiteriana. La pareja se casó en 1917 y se trasladaron a la provincia de Suzhou, un entorno rural y rico en historias que sería inspiración para su novela más conocida, La buena tierra.

En 1920, los Buck se mudaron a la ciudad de Nanking donde ambos ejercieron como profesores universitarios en un prestigioso centro de enseñanza. Un año más tarde nació la hija de ambos, Carol. Aquel nacimiento fue hermoso y terrible al mismo tiempo: ese mismo año falleció la madre de Pearl y Carol desarrolló una enfermedad mental que la acompañaría toda su vida. Aquí no acabó el dolor. Al poco tiempo de nacer Carol, a Pearl se le detectó un tumor que fue extirpado a tiempo pero que le causó esterilidad. Por ello, en el futuro sólo alumbraría hijos literarios, personajes de papel, pero que estaban tan bien trabajados que todavía hoy consiguen transmitir a sus lectores sensaciones muy reales tal y como lo hizo Dickens en su época. A pesar de su esterilidad, Pearl quiso ser madre nuevamente, así que adoptó una segunda niña en 1925, Janice. Estadounidense de nacimiento, china de corazón, la vida de Pearl S. Buck será lo más parecido al yin y al yang: la alegría y el dolor la acompañarán muy de cerca siempre.

Un incidente en Nanking, en 1927, de nuevo hizo tambalear el mundo de Pearl y amenazó a su familia. Por ese entonces, las tropas nacionalistas de Chiang Kai-shek se enfrentaban a las guerrillas comunistas y los extranjeros en China nuevamente se encontraban en peligro. Pearl, su esposo y sus dos hijas se vieron obligados a refugiarse temporalmente en Unzen, Japón, lugar donde ambientaría otra de sus novelas, El patriota. Un año más tarde, los Buck regresaron a Nanking, donde Pearl retomó sus clases y escritura. Antes de los violentos incidentes, ella ya daba muestras de su ingenio por medio de artículos y ensayos que publicaba en las revistas Nation y Atlantic Monthly. Pero fue en el año 1930 que, por necesidades económicas, publicó su primera novela: Viento del este, viento del oeste a través de la editorial neoyorquina John Day. Este será el inicio de su prolífica carrera como novelista de ficción.

“La buena tierra” y “La madre” son dos de las reconocidas novelas que forman parte de la proflífica carrera como escritora de Pearl S. Buck, retratada en esta imagen en 1972.

Letras desde las dificultades

Las novelas de Pearl S. Buck tuvieron cada vez más aceptación entre el público norteamericano. El período bélico fue el que permitió que esta autora floreciera: La buena tierra (1931), La madre (1934), El patriota (1939), La estirpe del dragón (1942) y La promesa (1943) son prueba de su gran talento literario, así como la manera en que captó las cambiantes épocas del pueblo chino. Su literatura oscila entre lo histórico, el realismo y el costumbrismo. Por medio de ella surgen diversos personajes que suelen ser puestos a prueba contantemente durante desastres naturales y guerras, fenómenos que siempre atacan a los más desprotegidos y olvidados por la sociedad.

En 1934 Pearl decide marcharse de China y divorciarse de John Lossing Buck. Más adelante se casará con su editor y amigo, Richard J. Walsh, con quien se trasladó a Bucks County, Pennsylvania. Allí, la pareja adoptó seis hijos más. Este cambio de país y de vida no significaron el final de la escritura de Pearl, al contrario, publicó Pabellón de mujeres (1946), Peonía (1948), Ven, amada mía (1953), Carta de Pekín (1957) y los ensayos La novela en China y China tal y como yo la veo.

Lejos de China, Pearl no dejó de soñar ni de escribir sobre ella. Trabajó hasta sus últimos años de vida para fortalecer las relaciones entre Oriente y Occidente. De hecho, durante la Guerra del Pacífico, abogó por la adopción y protección de niños con rasgos orientales (en ese entonces se desbordaban el racismo y sentimientos antijaponeses en Norteamérica). Fundó el 1949 la Organización Welcome House, pionera de las casas de adopciones en Estados Unidos y que veló por los niños que no tenían posibilidades de conseguir un hogar. Al tiempo que luchaba por los Derechos Humanos, igualdad de género y enseñaba en la Howard University, Pearl alcanzó a acabar cerca de 80 libros de carácter novelístico, ensayístico, cuentos y artículos periodísticos. Fue una activista y luchó en contra de toda clase de discriminación hasta el día de su muerte, el 6 de marzo de 1973 debido a un cáncer de pulmón.

El espíritu y la carne es uno de los volúmenes más valiosos de Pearl S. Buck. Es un conjunto de tres novelas publicadas en 1938: La madre, El ángel luchador y La exiliada. Las dos últimas son biografías noveladas de los padres de la autora. En ellas vemos las historias de dos idealistas misioneros norteamericanos que llegan a China durante el cambio de siglo y que intentan en vano acoplarse al clima del misterioso país al tiempo que se aferran al Evangelio que servirá de salvavidas y brújula en medio del dolor y la agonía. La madre, por su parte, narra la agridulce historia de una anónima mujer china que, abandonada por su marido, queda al cuidado de una anciana suegra y tres inquietos hijos. Para evitar las habladurías del pueblo, inventa que su esposo halló trabajo en la ciudad y crea así una atmósfera de falsas noticias y esperanzas para que sus hijos crezcan en medio de seguridad y bienestar.


*Mariana Vargas Fety es comunicadora social con énfasis en Periodismo de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Especialista en Creación Narrativa y Magíster en Creación Literaria de la Universidad Central de Bogotá. Cuenta con experiencia en periodismo y elaboración de guiones para radio y televisión. Actualmente es conferencista y profesora de Literatura Universal en diferentes centros de cultura y universidades de Bogotá. También es coordinadora de clubes de libro bilingües.