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En medio del aislamiento preventivo la seguridad vial sigue siendo una problemática de salud pública. ¿Cómo proteger la vida en nuestras calles?

Aura Patricia Benedetti González*

“¿A quién le mientes, si en tu soledad quieres verme otra vez?”, así inicia Rojo, la canción del artista colombiano J Balvin, quien a través de su letra y video hace un llamado a la conducción responsable, al recrear el siniestro vial en el que se ve inmerso quien conduce mientras atiende una llamada por celular.

Si nos preguntaran cuál sería una cifra aceptable de fallecidos en siniestros viales, la única respuesta admisible debería ser cero. Estamos tan acostumbramos a las cifras que, de hecho, cada uno de nosotros somos una. Lastimosamente así se mide y así nos miden, olvidando que detrás de cada cifra, detrás de cada muerte, detrás de cada lesión, hay personas, familias e historias, a las que un siniestro vial les cambia la vida por completo.

La Covid-19 nos ha puesto en evidencia y nos ha mostrado la radiografía de lo que somos, como individuos y como sociedad; de nuestras faltas, nuestras necesidades, nuestros inconformismos, la ausencia de cultura ciudadana que nos rodea y todo aquello que hemos postergado siempre. Y la seguridad vial no es la excepción, tanto así que los traumatismos generados por siniestros viales han sido catalogados por la Organización Mundial de la Salud como un problema de salud pública a nivel mundial.

No obstante, y pese a que en este momento no están rodando los casi 15 millones de vehículos que circulan regularmente en Colombia ‒según datos del RUNT‒, la conducción, aún en cuarentena, sigue siendo una actividad peligrosa que ha cobrado la vida de cerca de 200 colombianos, en siniestros viales en todo el territorio nacional, según cifras dadas a conocer por el director de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, Luis Lota.

Frente al bajo flujo vehicular que puedan estar presentando algunas vías muchos conductores pueden optar por subir la velocidad y poner en riesgo no sólo su integridad, sino la de los demás actores de la vía. En medio de esta situación que nos agobia es válido traer a colación que la pandemia de la inseguridad vial ha estado con nosotros desde tiempos inmemoriales, pero no necesitamos irnos muy lejos. En nuestro país, Colombia, esta pandemia cobró la vida en los años 2018 y 2019 de 13.110 colombianos, según las cifras del Observatorio Nacional de Seguridad Vial. Tan solo en Semana Santa del año 2019, se presentaron 123 muertes, como bien lo expresó en su momento para los medios nacionales, la Ministra de Transporte, Ángela María Orozco.

Aun así, y aunque resulte paradójico, quién lo creyera, la Covid-19 ha fungido como método de prevención de siniestros viales. Ya sabemos que las cifras, al igual que las comparaciones, son odiosas, pero si contrastamos los datos generales en todo el territorio nacional de marzo y abril de 2019 con los de marzo y abril de 2020, nos encontramos con una reducción de las víctimas asociadas a los siniestros viales del 20,03% y 61,65% por ciento, respectivamente, esto, teniendo en cuenta  los  comparativos mes a mes del Observatorio Nacional de Seguridad Vial. Teniendo previsto lo que ya se mencionó al inicio, definitivamente no estamos todos en la calle, lo que conlleva a la mitigación de los factores de riesgo asociados a la seguridad vial en momentos de Covid-19, como también medidas coercitivas de restricción, las cuales en algunos casos es innegable que ha funcionado.

Pero ¿a costa de qué? Cuando todos sabemos que este “método” es ineficaz porque no vamos a estar en cuarentena siempre. No me resisto a olvidar que las vías siguen ahí esperando por nosotros, que esto no es para siempre, que aunque hoy no está circulando tal cantidad de vehículos que ruedan en nuestro país, hay muchas personas, entidades, empresas e instituciones que están siendo cobijadas por los decretos en lo atinente a las excepciones de la limitación a la circulación y que estas personas o los empleados y colaboradores de estas entidades, empresas e instituciones continúan movilizándose por las vías.

Por ello, en este momento en el que nos estamos replanteando todo, hasta la seguridad vial, nos volvemos a dar cuenta de que no han sido suficientes los esfuerzos. Es loable la labor que ha venido desempeñando la Agencia Nacional de Seguridad Vial, desde el nivel central, haciendo presencia en los territorios, y articulando con entidades de todos los niveles. Pero siempre volvemos a lo mismo, “¡No tenemos un policía para cada ciudadano!, bien lo señaló recientemente el Gobernador de Córdoba, Orlando Benítez Mora, y caló muy bien esta expresión en muchos sectores. Incluso, muchos ciudadanos se apropiaron de la misma, siendo ésta una expresión que en el trasegar de los años ha sido bastante utilizada en los espacios académicos y de discusión en torno a la seguridad vial. Siempre se ha puesto en entre dicho no sólo la presencia del Estado y el control en temas de tránsito y transporte en nuestras vías, sino también la ineficacia de los  medios de fomento de la cultura ciudadana, y por ende, las campañas de prevención de la accidentalidad. La principal falencia, en este caso, ha sido la  ausencia de un trabajo articulado entre la realización de los controles y estas campañas de educación vial, a las cuales se les debería garantizar su permanencia, a fin de lograr los resultados esperados.

Sin ánimo de minimizar lo que está ocurriendo, a modo de reflexión, y ojeando las columnas de prensa que han retratado los fallecidos en siniestros viales en las semanas santas de los últimos 6 años, los fallecidos que hasta este momento nos ha dejado el coronavirus no alcanzan a igualar las cifras de los fallecidos de esas últimas 6 semanas mayores, el puente festivo más extenso del año, donde muchos aprovechan para viajar, tomar un descanso, otros asisten a las jornadas religiosas, y otros se quedan en casa.

Lo más cierto de todo esto es que la pandemia actual, generada con la Covid-19, guarda estrecha relación con la pandemia que tenemos desde la invención misma del vehículo a motor. En los dos escenarios podemos utilizar el mismo interrogante: ¿Y si nos dejamos salvar por la cultura ciudadana? Ambas se previenen con auto regulación, auto cuidado y fomentando la disciplina social. No debemos desconocer que hay mucha irresponsabilidad al volante, no todos somos inocentes conductores, y no todos somos inocentes ciudadanos, me incluyo mil veces.


*Aura Patricia Benedetti González es abogada de la Universidad Pontificia Bolivariana, Especialista en Gerencia Pública de la Universidad Pontificia Bolivariana y Especialista Internacional en Derecho del Transporte de la Universidad Externado de Colombia.