fbpx

Angélica Roxanna Barrera nos invita a disfrutar de esta película en la que, desde la mirada de unos niños, se exploran temas como la guerra y la política.

Angélica Roxanna Barrera Mosquera*

Jojo Rabitt es una película estadounidense estrenada el ocho de septiembre de 2019 en el Festival internacional de Cine de Toronto. Basado en el libro de Christine Leunens, “Caging Skies”, escrito y dirigido por Taika Waititi, este filme fue ganador del Oscar a mejor guion adaptado y recibió otras seis nominaciones incluyendo mejor actriz de reparto y mejor película. Además de esto, fue nominada en los Globos de oro a mejor actor (musical o comedia) y mejor película (musical o comedia), y ganó otros reconocimientos cómo el premio People´s Choice Award, la selección por parte del National Board of Review y el American Film Institute como uno de los diez mejores filmes del año.

Jojo Rabitt cuenta la historia de Johannes o Jojo, un niño alemán de diez años (Roman Griffin Davis) que pertenece a las Juventudes Hitlerianas y cuyo mayor sueño es ser parte del ejercito que protege a Hitler, tanto así, que su amigo imaginario (Taika Waititi) es una versión del mismísimo Führer. Sin embargo, sus creencias empiezan a tambalearse tras descubrir que su madre (Scarlett Johansson) esconde a una judía joven (Thomasin McKenzie) que hará que Jojo cuestione y se replantee todo lo que le dijeron alguna vez sobre los judíos.

Esta una película subversiva desde la forma y el género que propone para abordar un tema tan delicado aún en estos tiempos. En primer lugar, invita a replantearnos la noción de comedia, ya que, dentro de la misma, parece existir más de una clase: tiene chistes críticos, irónicos e inteligentes, que a veces rayan en el humor negro, pero no deja de lado la tan querida comedia física. En segundo lugar, invita a plantearnos la posibilidad de combinar la comedia y el drama de una situación tan trágica como lo es la Segunda Guerra Mundial. Un experimento que, desde mi perspectiva, funcionó por la habilidad del director, de los actores y del guionista de delimitar los ambientes y permitirnos tener transiciones emocionales que nos hace experimentar sentimientos contradictorios en un mismo instante.

Es crítica, es graciosa, es triste y dolorosa, todo al mismo tiempo y, por lo tanto, nos habla hoy, aquí y ahora, como seres de cualquier parte del mundo, pero en especial como latinoamericanos, pues, es una película que habla de subversión desde lo que parece más banal: el baile.

Así es, pese a la pinta colorida y alegre de Jojo Rabbit no debemos olvidar que el régimen Nazi era una dictadura, una dictadura parecida a las que hemos tenido aquí en Latinoamérica. Por ejemplo, en Cuba, un lugar en el que el polémico documental P.M., de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez-Leal, fue censurado en 1961 por desafiar el orden establecido y dar una imagen desvirtuada de la vida nocturna según el régimen, sin embargo, al verlo hoy en día no parece la gran cosa, pues es gente reunida, bailando y riendo, pero en un orden dictatorial que cría soldados, es decir, cuerpos firmes, rígidos y obedientes, un cuerpo que danza y se mueve sin control, es el acto más revolucionario y esto mismo pasa en este filme.

Bailar y moverse en una sociedad cómo estas es desafiar los límites porque es mostrar que la mente puede ser adoctrinada, pero el cuerpo no. El movimiento es libertad y la libertad aterra y desafía a la dictadura, por esto, la madre de Jojo dice que lo primero que hará al acabar la guerra será bailar. Pero, aun así, lo hace desde antes, lo que nos muestra que la subversión está tanto en pequeños actos que parecen no tener importancia (bailar), como en grandes actos de valentía y sacrificio (esconder a una joven judía).

Siguiendo con este tema, es importante resaltar que este filme, a pesar de tener una historia aparentemente común, es novedoso e impactante por la forma en la que se decidió abordar. La perspectiva es la de los ojos de un niño alemán que, como dicen en la película, solo es un niño al que le gusta hacer parte de un club y usar uniforme, pero que aun así están preparando para ser un asesino y morir por su patria en la guerra.

Lo más sorprendente de esta película, para mí, es que después de estar acostumbrados a historias sumamente trágicas y duras sobre la Segunda Guerra Mundial, llega este filme que, entre risas y chanzas, llega a establecer una crítica profunda sobre el régimen Nazi al nivel de las películas dramáticas. En esta película, por ejemplo, se cuestiona la presencia de niños en la guerra, la ignorancia frente a otras culturas que puede llegar a lo fantasioso, la educación que recibían los niños para que su sueño fuera ir a la guerra o la matanza indiscriminada de niños ya sean judíos o alemanes por ser de un bando o de otro. Pero también es una comedia dramática que sin necesidad de mostrar la muerte, los cuerpos, la maldad, el terror, la injusticia y la devastación explícitamente, nos permite sentir y entenderlo todo.

En conclusión, diría que lo más innovador de esta película es que no necesita ser explicita, no necesita mostrar el cuello roto de un cuerpo ahorcado, con solo la imagen de unos zapatos es capaz de comunicar el sufrimiento porque es un filme que se mueve desde la acción y la imagen, no desde un dialogo excesivo o la sobreinformación innecesaria a la que, en mi opinión, se suele recurrir en varias películas actuales. Lo más interesante es que sin que tú lo sepas, ya te dijeron todo lo que necesitas saber; te dieron todas las pistas distribuidas y fragmentadas en diálogos cortos e imágenes pasajeras aparentemente sin importancia y cuando logras unirlo todo, el final es simplemente impactante.

Finalmente, Jojo Rabbit es una película que nos invita a reflexionar sobre la infancia, un término relativamente moderno, pero qué actualmente es el primero en ser mencionado cuando se empiezan a tomar decisiones de diversos indoles. Cuántas veces no hemos escuchado el famoso “¿quiere alguien pensar en los niños? ¿tenemos que meterles estas ideologías a los niños desde tan chicos? Y la respuesta que le da esta película, incluso a temas modernos de discriminación de diversas clases, es que los niños son perfectamente capaces de entender temas difíciles y, por lo tanto, merecen tener la información necesaria para elegir en que creer: escuchar ambas partes, como lo hizo Jojo al conocer a la joven judía. Es momento de dejar de pensar que los niños, por ser pequeños, no tienen las capacidades mentales de entendimiento necesarias y que por eso solo deben ver el lado de la moneda que nosotros como padres, hermanos, tíos, amigos o abuelos consideramos correcto. Claro, el cerebro del niño no está completamente desarrollado a ciertas edades y necesitan cierto nivel de guía, pero no son tontos, si en lugar de gritarles cuando pasa algo en la casa, escucháramos sus razones, estoy segura de que nos sorprenderían los niveles de creatividad, discernimiento e inteligencia a los que pueden llegar y seguramente, le meteríamos más esfuerzo a brindarles a todos la educación integral que se merecen.


*Estudiante de la carrera de Estudios literarios en la Pontificia Universidad Javeriana.