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La industria cinematográfica ha sido otra de las afectadas por las restricciones a causa de la pandemia. Aún con el boom de las plataformas de streaming como Netflix, el circuito tradicional de exhibición y festivales en todo el mundo se ha suspendido o trasladado al entorno digital. ¿Qué pasa en América Latina?

Óscar Alfonso Pérez Lizarazo*

La actual crisis sanitaria que vive el mundo a causa de la Covid-19 paralizó en cerca de un 100% todo tipo de industria. En América Latina, más específicamente, la industria del cine ha sufrido un gran golpe a causa del cierre de salas de exhibición y la suspensión de muchas actividades como festivales y muestras de cine. Vivimos en tiempos donde todo está migrando a lo digital, donde ahora la única conexión cercana con la mayoría de los productos y servicios es a través de Internet. Pero ¿cómo ha impactado esto en nuestro cine?

Las grandes productoras de cine en la región concuerdan en que aún estamos en proceso de llamarnos industria, pues comparados con regiones de otros continentes, falta tela por cortar. Diferentes países cuentan con fondos fílmicos que apoyan una parte de la producción de cada cinta. Estos, actualmente, se han visto afectados por la reducción de presupuesto y la falta de legislación oportuna, en donde creadores y directivos del sector deben buscar fuera del país más fondos. Las cooperaciones internacionales y el desarrollo de co-producciones han sido papel fundamental en el cine regional. Es un tiempo difícil dado que, en muchos países, por no decir todos, se ha reducido la cuota de cultura y desarrollo audiovisual. Es hora de replantear la forma cómo se distribuyen los contenidos y a qué público le estamos apuntando.

De toda esta situación, las plataformas de streaming como Netflix, Amazon Prime y HBO son las grandes ganadoras durante esta emergencia; de hecho, ya lo venían siendo. Netflix, por ejemplo, en Colombia y México está ayudando con fondos a personas que forman parte del sector audiovisual, pero es claro que estas plataformas son poco amigables con el cine de autor. Estrechar más los lazos con alianzas europeas parece ser una buena salida, pues Alemania, España, y Francia siempre han sido aliados creativos y financieros de nuestro cine. Varios productores de la región concuerdan en la necesidad de crear un fondo mixto regional, donde todas las leyes de cine en los diferentes países apunten a una misma dirección para buscar un norte cinematográfico, sin tener que perder la identidad de las historias de cada país. Un fondo donde no solamente se impulse el cine, sino que se busquen formas y estrategias de generar mucho más empleo a los realizadores.

La clave, pienso, también está en generar historias en lugares no comunes. En salir de ese cine de autor “soft” y buscar historias que impactan e incomodan, esas que mueven más que emociones y que se prestan para visualizar a grandes rasgos nuestro entorno. De toda esta crisis debemos adaptarnos y, como creativos, generar historias locales con un lenguaje universal que nos represente como región. La co-producción es un rompecabezas creativo, cada historia se va acomodando a la necesidad. No existe una fórmula mágica de creación, se aprende de cada película de cada festival y situación sobre la marcha. Así como en el fútbol, no es escoger once que sepan correr, es escoger esas historias que se complementen y sirvan de ventana a cada vez más posibilidades de hacer cine. Esto aplica también para el cine que se hace en las diferentes zonas del país, donde las pequeñas historias pueden ser una atmósfera de infinitas historias.

Se trata de crear, de reestructurar para que todos quepamos y las becas o ayudas no se queden siempre en los mismos. Solo es posible crecer con fuerza e impulso y hoy, más que nunca, eso se debe sentir a manera de común denominador entre creadores. Una gran lección que deja toda esta pandemia es que la forma tradicional en la que mostramos nuestro cine no le llega a todo el público. Su efectividad no es tan contundente, es apenas una ventana que deja entrever un mundo lleno de magia y visiones universales. Es hora de pensar en medios colaborativos en línea y adaptarnos a ello. Reconozco la buena labor y el trabajo que se ha hecho con Retina Latina o Mowies, pero debemos pensar en que las pequeñas producciones también merecen y necesitan con urgencia un espacio. La narrativa transmedia, por ejemplo, es un factor sumamente clave en este mundo interconectado y una manera diferente de llegar al público.

Es claro que los festivales son esenciales para la vida de las películas y para las redes de apoyo entre creadores. Pero es el público el que finalmente consume y sostiene gran parte de las producciones. Es inevitable que luego de la reapertura de salas se forme un efecto embudo con todas las producciones que no pudieron salir en estos meses a distribución. El afán por mostrar el cine en pantalla no debe cegar ni opacar a las producciones más pequeñas, a ese cine que también quiere ser visto y escuchado y que no ha tenido la oportunidad de surgir. A ese cine se le debe valorar más y mostrar en espacios más grandes.

No hacemos cine, el cine nos hace; el cine es un arte resiliente.


*Soy Maestro en Artes Audiovisuales, egresado de la Facultad de Ciencias Humanas, Arte y Literatura de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Me he desempeñado como productor audiovisual, editor de contenido, camarógrafo, desarrollador de podcast y contenido cultural con niños de las jornadas escolares complementarias del gobierno de Colombia. Me apasiona la escritura, y el análisis de todo tipo de expresiones artísticas sobre todo el cine. En mi blog gustoycalidad.wordpress.com comparto mis opiniones y recomendaciones sobre el mundo cinematográfico.